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El tráfico de fauna silvestre es uno de los delitos ambientales más graves del mundo y se ubica entre los cuatro ilícitos más lucrativos, generando entre 10 y 20 mil millones de dólares anuales.
En Bolivia, la fauna silvestre está protegida por un marco legal sólido. La Ley N.º 300 reconoce a los animales como parte de la Madre Tierra y prohíbe su tenencia y comercio ilegal, mientras que la Ley N.º 1333 sanciona estas prácticas con multas y penas de prisión.
Sin embargo, persisten amenazas como el mascotismo y el uso de partes de animales con fines culturales o tradicionales. Estas prácticas están directamente vinculadas al tráfico ilegal y provocan la extracción masiva de animales de sus hábitats.
Se estima que por cada animal rescatado con vida, al menos nueve mueren durante la captura, el transporte o la venta. Tortugas, monos y aves como los loros son especialmente afectados, sufriendo maltrato, desnutrición y daños irreversibles.
Hoy en día, el comercio ilegal ocurre tanto en mercados físicos como en plataformas digitales, lo que facilita estas prácticas y dificulta su control.

Conocer las causas nos permite prevenir el sufrimiento futuro y proteger la fauna silvestre en su hábitat natural.
Muchos animales silvestres son extraídos de la naturaleza para ser mantenidos como mascotas. Durante este proceso sufren maltrato, desnutrición y estrés severo. La mayoría no puede ser reinsertada debido a traumas y enfermedades. Esta práctica afecta tanto a los individuos como a la biodiversidad local.
El comercio ilegal de animales silvestres genera decomisos frecuentes por parte de autoridades como la POFOMA y la Gobernación. Los traficantes venden animales capturados de manera ilegal, afectando gravemente a poblaciones silvestres y causando sufrimiento a los animales. El tráfico es una de las principales causas de llegada de especies al bioparque.
Recibimos animales entregados por personas que ya no pueden cuidarlos, como loritos cuyos dueños han fallecido, rescates de particulares o animales encontrados en situaciones de riesgo. Estas entregas permiten que los animales tengan una vida segura y protegida. No realizamos rescates ni decomisos directos.
La deforestación, la fragmentación de hábitats y la pirotecnia provocan desplazamiento de animales, pérdida de biodiversidad y ruptura de equilibrios ecológicos. Muchas especies llegan al bioparque porque sus hábitats han sido destruidos o se han visto afectadas por la actividad humana.
Creencias y rituales tradicionales que utilizan animales o partes de ellos como ofrendas, así como mitos que asocian ciertas especies con la mala suerte, provocan persecución y matanzas innecesarias. Esto impacta seriamente a los ecosistemas y a las poblaciones locales de fauna.
Cada animal que llega a Agroflori carga una historia de sufrimiento causada por la intervención humana. En la mayoría de los casos, su rehabilitación no permite el retorno a la vida silvestre.

Fue capturada cuando era apenas una cría y llevada a un motel en Quillacollo. Fue alimentada incorrectamente, enfermó. Tras ser rescatada por la Policía Forestal, ingresó a Agroflori para recibir tratamiento. No puede ser reinsertada, ya que está habituada al contacto humano y no desarrolló habilidades de caza ni de supervivencia.

Vivía en cautiverio como mascota y había generado un fuerte vínculo emocional con su cuidadora. Tras el fallecimiento de esta persona, la familia decidió no hacerse cargo del animal. La separación repentina provocó un cuadro severo de estrés y depresión, lo que impide su retorno a la vida silvestre.

Fue víctima de un ritual en el que se le cortó la cola para ser utilizada como amuleto o en el ritual de Warmi Munachi. La cola es esencial para su equilibrio, caza y comportamiento reproductivo, por lo que su mutilación imposibilita su reinserción. Tras el acto, fue abandonado dentro de una bolsa de plástico.
La protección de la vida silvestre empieza con decisiones cotidianas. Tus acciones pueden marcar una diferencia real.
Aunque la intención sea "rescatarlos", la compra alimenta el tráfico ilegal y perpetúa el sufrimiento animal.
El ruido, la luz artificial y los contaminantes generan estrés, desorientación, desplazamientos forzados e incluso la muerte de la fauna silvestre.
Apoya acciones que prevengan la pérdida de bosques y selvas. La educación y la participación activa son claves para la conservación.
No los alimentes, captures ni manipules. Observar a distancia es la forma correcta de convivir con la vida silvestre.
Reportar estos delitos contribuye a proteger a más animales y a frenar redes ilegales. Tu voz puede salvar vidas.

“El verdadero amor por los animales es dejarlos libres donde pertenecen”.